viernes, 30 de agosto de 2013

El holocausto taromenane y tagaeri en el Yasuní.



Una de las aristas más críticas y complicadas en el dilema del Parque Nacional Yasuní tiene que ver con la probablemente inevitable extinción de varios grupos tribales que habitan la parte noroccidental de la selva ecuatoriana en caso de que las tendencias destructivas ocasionadas por la desidia criminal de la burocracia pública, la irresponsabilidad cínica de los políticos de turno en el poder, la polución petrolera, la invasión de tierras selváticas, la colonización, la destructiva explotación maderera, las masacres tribales y la infiltración de costumbres por la llamada “civilización”, continúen sus marchas genocidas.
  
En medio de esta vorágine de barbaridades y abusos, unos peores que otros, se encuentran varias etnias nativas de la selva ecuatoriana, entre las conocidas están las comunidades: huaoranis, taromenanes, y tagaeris.

En la medida en que los ambientes selváticos eran invadidos principalmente debido al boom petrolero de medidos del siglo XX, concomitantemente se inició la colonización y una explotación maderera extremadamente agresiva, lo que trajo como consecuencia que los enfrentamientos entre las tribus nativas con los colonos, madereros y los grupos armados públicos y privados que defendían la explotación petrolera se vuelvan cada vez más repetidas y sangrientas. Considerando la actualidad del Parque Nacional Yasuní y en general del oriente ecuatoriano, resulta evidente concluir quien ha prevalecido; ciertamente un triunfo más de la civilización depredadora y del progreso mercantil. 
 
La información que los ecuatorianos hemos recibido de esta guerra contra la Naturaleza, de la prensa pública y privada “libérrima y endiabladamente independiente” es muy limitada, considerando los intereses económicos en juego y el poder de los grupos en discordia. Generalmente la sociedad ecuatoriana es informada de los ataques de las tribus nativas en contra de colonos, religiosos, madereros y empleados petroleros, pero, muy rara vez se informa sobre las víctimas aborígenes, en parte porque los hechos se dan en la soledad de la selva, en parte por el desdén irresponsable del sistema público, por lo mismo aquellos actos criminales quedan en la más infame impunidad.

Probablemente el actual debate respecto del bloque ITT y la desgracia de los grupos tribales escondidos en la selva, casi monopolizado por los adictos al socialismo del siglo XXI, los grupos políticos y económicos conservadores y sus respectivos medios de comunicación incondicionales, no se habría dado si el presidente Rafael Correa no hubiese propuesto al mundo su proyecto “Yasuní ITT”, que consistía en no explotar el petróleo del bloque ITT asentado en el Yasuní, a cambio de una cifra millonaria, aunque mucho menor que el valor de las reservas del bloque ITT, y que, supuestamente deberían ser pagados en forma de donación por los países especialmente del llamado primer mundo, principales consumidores de combustibles fósiles. Luego del fracaso, en parte previsible, por muchas razones, internas y externas, Correa anunció al Ecuador su decisión de explotar el petróleo, minimizando los normales daños ambientales que dichos trabajos generarán tanto en el ecosistema nativo, así como también soslayando el enorme daño colateral que la explotación petrolera generará en la alterada vida de las tribus que se ocultan de la civilización petrolera en aquellas zonas selváticas.

Cabe señalar que el problema de la destrucción de la Naturaleza en el oriente ecuatoriano y la violación a los derechos humanos de los grupos tribales nativos de aquella región no comenzó en el gobierno del socialista bolivariano Rafael Correa, el holocausto se inició el momento en que la codicia humana fijó sus colmillos sanguinarios y sus crueles garras en la riqueza ecológica nativa y del subsuelo, principalmente a mediados del siglo 20, y desde ese momento, año a año, la barbarie se ha ido incrementando con mayor rapidez, especialmente desde que inició la prospección y posterior explotación y producción petrolera.

La discusión sobre el bloque ITT del Yasuní y la suerte de las tribus escondidas, ha terminado manchada por los intereses políticos y económicos, tanto de los socialistas del siglo 21, actualmente en el poder, como de los conservadores capitalistas, ansiosos por recuperar el poder y el control del Estado Ecuatoriano. Algunos de los detractores políticos de Rafael Correa señalan que con la explotación petrolífera en el bloque ITT del Yasuní se generará un verdadero etnocidio, pero la realidad es que actualmente ya se está explotando petróleo en el Parque Nacional Yasuní, y en la Reserva entregada a la etnia Huaorani, campos petroleros aledaños al bloque ITT, actividades que fueron desarrolladas mucho antes del Gobierno del Socialismo del siglo XXI. Lo cierto es que Rafael Correa no ha hecho sino continuar con la política extractiva instaurada por dictaduras y gobiernos seudo constitucionales del pasado oscuro de la historia ecuatoriana. Si cabe el término “etnocidio”, tal hecho, no lo inició Correa, sino, los déspotas del siglo 20 que tiranizaron el Ecuador. Correa tiene su parte de culpa por la deforestación, la colonización, la contaminación petrolera y el miedo en el que viven las tribus escondidas del nororiente ecuatoriano, causados durante los 6 años de su gobierno, pero no es más culpable que todos los dictadores y presidentes que detentaron el poder desde el inicio del boom petrolero, por lo mismo, si vamos a llevar al banquillo de acusados a Correa también deberíamos hacerlo con aquellos que iniciaron el holocausto del oriente ecuatoriano.

Respecto al debate sobre, qué se debe hacer con los pueblos aborígenes del nororiente ecuatoriano, que actualmente viven escondidos huyendo de cualquier contacto con la civilización depredadora, se ha dicho de todo y por casi todos, irónicamente los principales actores en este dilema, específicamente las tribus taromenanes y tagaeris, no han tenido la oportunidad de plantear su versión, por obvias razones, y tampoco, tanto en el pasado como actualmente, se han iniciado labores serias y responsables por intentar contactarlos. Racionalizaciones y justificaciones de filáticos sobran, desde aquellos que señalan que el progreso del país no puede detenerse por unos “pajaritos” y “un grupo de salvajes”, hasta aquellos que consideran a los pueblos escondidos en la selva como parte de la fauna nativa y señalan que deberían mantenerse tanto la Reserva Huaorani y el Parque Yasuní, intocables, libres de cualquier actividad extractiva y comercial. Resulta evidente que muchos seudo analistas defienden exclusivamente intereses económicos de grupo, tan evidente como que muchos de quienes hablan de la virginidad del Yasuní, lo hacen por fundamentalismo, ignorancia o por intereses encubiertos, pues, hace tiempo que el oriente ecuatoriano perdió su calidad de virgen; la explotación petrolera, el negocio maderero y la “domesticación” de parte del pueblo huaorani con los vicios de la civilización depredadora, lo prueban.

También da la impresión que la malicia, la barbarie y la ignorancia que atacan directamente la flora y fauna del  Yasuní y mantienen en el miedo a las tribus escondidas, se han extendido a la discusión entre aquellos que defienden el pragmatismo humanista es decir, los socialistas del siglo XXI, y los defensores a ultranza del ecologismo, en este caso los movimientos indígenas nacionales y sorpresivamente los conservadores capitalistas; por ejemplo, ambos bandos suelen referirse a los grupos taromenanes y tagaeris, como tribus que viven en “aislamiento voluntario”; cuando uno escucha tamaño disparate, uno se pregunta, “¡de qué diablos están hablando estos tipos!”; cómo se puede hablar de “aislamiento voluntario”, cuando las tribus taromenanes y tagaeris han sido atacadas, perseguidas y masacradas por los beneficiarios de la destrucción de la Naturaleza. Las tribus taromenanes y tagaeris se ocultan, disgregan y  mantienen en permanente movimiento porque en tal estrategia radica su supervivencia; no lo hacen por voluntad, lo hacen obligadas por la necesidad de sobrevivir, impelidas por la violencia de la que son objeto; huyen de la seudo civilización destructora y codiciosa que significa para ellos su desgracia. La voluntad es un acto de libertad, por lo mismo, no se puede calificar de, voluntaria, a la decisión de huir por miedo o terror. Pregunto, ¿cuándo los políticos, burócratas o falsos activistas consultaron a los taromenanes y tagaeris, su decisión de mantenerse voluntariamente aislados de cualquier contacto con el hombre supuestamente civilizado? ¿Cómo se puede pedir a una tribu cuyo ambiente ha sido destruido, cuyos territorios han sido invadidos abruptamente y cuyos miembros han sido criminalmente agredidos o masacrados que adopten una posición de confianza con quienes han destruido la paz de su vida y su entorno?

Una cuestión que debería considerarse es, por qué los pueblos taromenanes y tagaeris actualmente escondidos, deberían creer en la buena voluntad del “hombre civilizado”; qué han recibido los pueblos contactados, en este caso la etnia huaorani, que motivase a los pueblos escondidos a “civilizarse”. ¿Acaso no se ha denunciado que gracias a la ingenuidad huaorani los comerciantes de la madera pueden acceder a  bosques ancestrales por unos cuantos dólares? ¿Acaso no se ha denunciado que la civilización depredadora ha utilizado a grupos de huaoranis para que masacren a comunidades taromenanes y tagaeris? ¿Acaso seudo antropólogos no han justificado las matanzas tribales como ceremonias antiquísimas que son parte de la cultura de aquellos pueblos y han protestado contra cualquier intervención exterior usando una interpretación perversa de la autodeterminación de los pueblos y el respeto a la cultura indígena? 

La verdad, no creo que los actuales políticos y burócratas públicos puedan darle una salida justa y razonable al problema de violación de los derechos humanos de los pueblos huaorani, tagaeri y taromenane. Si bien como ya mencioné el problema no comenzó durante el gobierno de Rafael Correa, tampoco la administración de los socialistas bolivarianos durante los 6 años que lleva en el poder  ha hecho nada significativo para frenar los abusos contra los grupos indígenas del nororiente ecuatoriano. Correa se ha quejado que los más de $100.000.000.00 que ha gastado durante los 6 años de su gobierno no han sido suficientes para tomar acciones que frenen la tala ilegal de árboles en los pocos bosques vírgenes que quedan en el Ecuador; sin embargo, irónicamente, si ha habido dinero para crear el Ministerio del Ambiente, y para pagar los sueldos de los burócratas de dicho ministerio, tan veloces y dadivosos al momento de expedir las autorizaciones para las actividades mineras, o cuando de aprobar se trata las “licencias ambientales” que las trasnacionales petroleras necesitan para explotar el crudo, incluso en zonas frágiles de los ecosistemas naturales, como el Yasuní por ejemplo.

Si se toma en consideración la tendencia general que prevalece en el mundo daría la impresión que las percepciones de George Orwell citadas en su libro “1984” se están cumpliendo literalmente, ahí están por ejemplo las ambiguas “discriminaciones positivas”, o los perversos “bombardeos humanitarios”.  De manera que nadie debería sorprenderse si la desgracia de los taromenanes y tagaeris se justifica y racionaliza con la argucia de los daños colaterales tolerables, el cuento chino de la remediación ambiental, el mito del progreso, o el ambiguo desarrollo sustentable.

Tomando como fundamento la realidad de los cinturones de miseria que se desarrollan en los extramuros de las dos principales ciudades del Ecuador, Quito y Guayaquil, lugares donde se agolpan en condiciones infrahumanas contingentes sociales considerables en número, año tras año, generación tras generación, resulta factible suponer que, si los políticos y la burocracia pública son incapaces de solucionar esas terribles y funestas realidades que tienen frente a sus narices, menos van a poder enmendar las barbaridades que se han cometido en contra de los pueblos nativos del nororiente ecuatoriano. ¡Ah infausta fatalidad! Si tan solo los tagaeris y los taromenanes entendieran y tuvieran el concepto de propiedad, pero no; ni siquiera tienen voz, peor voto, en una encrucijada que los tiene como principales actores. Parece ser que la suerte de los huaoranis, tagaeris y taromenanes está echada. Sin embargo, la esperanza no se debe perder. Seamos inocentes y pensemos que los políticos finalmente tomarán decisiones sensatas. Imaginemos que aquellos que han causado daño a la Naturaleza y a la sociedad ecuatoriana, porque los huaoranis, tagaeris y taromenanes también son ecuatorianos, se arrepentirán y enmendarán, pero sobre todo esperemos que la sociedad ecuatoriana despierte de ese letargo intelectual y esa laxitud moral y se reivindique consigo misma.

domingo, 25 de agosto de 2013

Yasuní - ITT y la Opinión Pública Ecuatoriana.



El caso Yasuní-ITT se ha constituido en el nuevo culebrón que acapara el interés de la prensa corporativa privada conservadora y pública socialista, incluidos obviamente los sectores políticos, económicos y sociales representados por aquel par de grupos mediáticos. Y es que desde el día en que el presidente ecuatoriano Rafael Correa, declaró oficialmente su interés de explotar el petróleo en uno de los rincones del Parque Yasuní que no había sido aún depredado por la prospección y explotación petrolera, esto es el sector Ishpingo, Tambococha, Tiputini, más conocido como “ITT”, desde ese mismo instante aquel asunto acaparó los titulares de los medios impresos, radiales y televisivos.

Debo mencionar que casi nunca reviso los medios de comunicación corporativos, conservadores y socialistas, salvo cuando excepcionalmente enciendo la caja de tontos para chequear que nueva información generalmente subjetiva, engañosa y sectaria se difunde a la sociedad ecuatoriana. De esa manera, me enteré de la decisión de Rafael Correa, de dar por tierra su “ambicioso proyecto”, es decir, su negativa de dejar el petróleo en el subsuelo de aquel paraíso natural de la Amazonía Ecuatoriana; así como también, de las consecuencias, unas más folclóricas que otras, que dicha decisión ha generado en el ambiente político y mediático tradicional; es decir, el escenario donde conviven los políticos profesionales de la antigua  y nueva partidocracia, conjuntamente con los locutores y editorialistas de los medios corporativos públicos y privados que por cierto, monopolizan la Opinión Pública Nacional.

Pero, ¿qué es la Opinión Pública?; generalmente se la entiende como el sentir o estimación en que coincide la gran mayoría de las personas acerca de asuntos determinados; es decir, la tendencia colectiva que normalmente se repite en la masa social. Siendo por lo tanto la Opinión Pública un concepto basado en la comunidad de apreciaciones respecto de un tema en una sociedad, y estando dichas apreciaciones sujetas a multitud de factores que pueden influir decididamente en la mente de colectivo social, entonces podemos concluir que la Opinión Pública no necesariamente representa una tendencia positiva, veraz, objetiva, sensata, racional y justa, sino, en muchas ocasiones todo lo contrario.

Pues bien, luego de mirar por aquí y allá unos cuantos noticieros de la televisión ecuatoriana en los que irresponsablemente se trataba el tema Yasuní-ITT, no fue difícil notar la palmaria carencia de ética de la mayoría de negocios de la comunicación, quienes a través de sus locutores oficiales intentaban e intentan, con relativo éxito, ciertamente, dirigir la opinión pública, a favor, ora de quienes consideran se debería extraer el petróleo del Yasuní a cualquier precio, ora de aquellos grupos seudo ecologistas que se presentan radicalmente en contra dicha explotación. Una vez más la prensa corporativa, pública o privada, tan dada a calificarse de “libre e independiente”, da muestras patentes de servilismo y dependencia en favor de intereses políticos y económicos de grupo.

Dado que la mayoría de medios corporativos, por no decir todos, han adoptado una posición a favor o en contra de la tesis del Gobierno de Correa en lo referente al petróleo del Yasuní; aquellas posiciones se han visto reforzadas y evidenciadas por los comentarios, opiniones, críticas y diatribas de los “actores políticos, analistas y editorialistas” que de lunes a domingo desfilan en dichos medios. Naturalmente, cada negocio de la comunicación, invita a personajes vinculados con la línea editorial del medio. De ahí que en una entrevista desarrollada en un medio claramente conservador difícilmente se verá a un personaje que defienda los intereses del socialismo del siglo 21; e igualmente en un medio servil a los intereses del socialismo del siglo 21, difícilmente se observará a un seguidor del conservadurismo mercantilista. Obviamente aquellas personas, inteligentes y decentes, que tienen su propia opinión sobre este tema en particular o cualquier asunto en general, jamás son invitadas a expresar sus ideas, es decir, son generalmente censuradas, tanto por la prensa servil a los intereses del socialismo del siglo 21, como por la arcaica prensa conservadora.

En esta suerte de parcialidad, dependencia e intereses creados se ha dado un fenómeno bastante pintoresco en quienes tienen casi esclavizada y monopolizada a la Opinión Pública, es decir, socialistas del siglo 21 y conservadores. Me explico; los conservadores cuyos intereses están vinculados con el capitalismo financiero, el mercantilismo y la explotación codiciosa de los recursos naturales, increíblemente han reemplazado su tradicional discurso por uno completamente diferente, nada más y nada menos que han adoptado la bandera del ecologismo radical, de ahí que  resulte un tanto sorpresivo, verlos en los medios de comunicación conservadores clamando histriónicamente en favor de la ecología, la naturaleza, y en el caso particular, por la no explotación del petróleo en el sector Ishpingo, Tambococha, Tiputini. Irónicamente, los mismos que en el pasado defendían los intereses de trasnacionales petroleras que han causado terribles desastres ecológicos y humanos en el Ecuador, y que hoy callan respecto de ese oprobioso pasado, actualmente se visten con el uniforme del radicalismo ecológico. Lo mismo sucede en el otro bando, los ecologistas del socialismo del siglo 21 que años atrás vociferaban a favor de la Pachamama, criticaban el imperialismo brutal de las trasnacionales petroleras, se declaraban amantes del uso de energías no contaminantes,  se auto-proclaman hijos de la Diosa Naturaleza, mas, después de casi 6 años de engañosas propagandas y promociones ecológicas, que le costaron mucho dinero al Ecuador, recurriendo al discurso demagógico, nos afirman que la explotación petrolera no necesariamente es contaminante, si se utilizan tecnologías de última generación. Prácticamente nos dicen que creamos en el sofisma de que cuando la explotación petrolera se desarrolla en gobiernos del socialismo del siglo 21, por arcanos imposibles de entender si no eres iniciado en los dogmas del socialismo del siglo 21, simplemente no hay contaminación petrolera; y punto.

Como ya mencioné, dos grupos claramente definidos, ora los ortodoxos, la vieja partidocracia, ora los progres, la nueva partidocracia, monopolizan con sus opiniones los diferentes medios de comunicación de señal nacional y regional. Por esta razón el debate público se circunscribe exclusivamente a la agenda particular que estos dos grandes grupos imponen. Por este motivo, el debate respecto de la depredación y contaminación causada a la Naturaleza, así como también el histórico saqueo de los recursos naturales causados por años y años, y el posterior despilfarro de los recursos económicos generados, ha quedado subordinado, frente a los pleitos políticos entre los grupos que defienden al Gobierno de Rafael Correa con sus derivaciones y los grupos que se oponen al Gobierno del socialismo del siglo 21.

Debo ser sincero en señalar que hasta hace unos días en que empecé a buscar información sobre el Parque Yasuní y el dilema de la extracción petrolera, tenía una idea, que luego de acceder a la verdad, debo reconocer era equivocada. Y es que, yo me imaginaba que el proyecto Yasuní-ITT abarcaba todo el Parque Yasuní en su totalidad, pero resulta que no era así, sino que, este se limitaba exclusivamente a una zona del parque, pues, el Estado Ecuatoriano ya estaba explotando yacimientos petroleros dentro del  Yasuní. La verdad era que el proyecto del socialismo del siglo 21, promocionaba, exclusivamente, la no explotación del bloque conocido como ITT. Esta verdad me llamó a cuestionar: ¿por qué ningún político de la oposición, así como también ningún editorialista o locutor de honorarios dorados había denunciado a través de su pluma, o de su micrófono la verdad del Yasuní a la sociedad ecuatoriana?, ¿por qué ninguno de los políticos que hoy sorpresivamente se rasgan las vestiduras a favor del bloque ITT, o los locutores que se jactan de “libres e independientes” no denunciaron que habían pozos petroleros en producción en varias zonas del Parque intangible Yasuní?

Veamos, por un lado tenemos a los socialistas del siglo 21 que proclaman un ambiguo pragmatismo humanista, es decir, no importa depredar si esos recursos supuestamente se van a usar para elevar la calidad de vida de los más pobres; claro que ese es solo el sofisma, pues, la sociedad se olvida que el Gobierno de Correa ha tenido en el transcurso de 6 años más de $100.000.000.00 de dólares con los cuales no ha podido solucionar los problemas de pobreza, desempleo e ignorancia de la sociedad ecuatoriana. Si con $100.000.000.00 los socialistas del siglo 21 no han podido erradicar la pobreza, menos lo harán con los $18.000.000.00 que supuestamente se obtendrá del bloque ITT. Por otro lado están los conservadores tradicionalistas que gobernaron el Ecuador hasta la llegada de los socialistas bolivarianos, que en cambio profesan un maquiavelismo mercantil y sectario, que tiranizó la Nación Ecuatoriana desde su creación misma, por allá por 1830; éstos, son los dos grupos que controlan los medios de comunicación, que influyen en la mayoría de la sociedad, que deciden que  es verdad y que es mentira, que promocionan a unos e ignoran a otros, que dirigen e imponen la Opinión Pública.

Pero, ¿y qué pasa con la sociedad en su generalidad? ¿Acaso los ecuatorianos no tienen necesidad de ejercer su derecho a expresar sus opiniones de manera directa, responsable, libre y voluntaria? ¿Será que la sociedad ecuatoriana se acostumbró a escuchar y aceptar dócilmente las opiniones de los “dueños de la verdad”? ¿Será que el pueblo ecuatoriano es incapaz de pensar por sí mismo, y por eso necesita que los seudo analistas les den interpretando y traduciendo la realidad? ¿Será que los medios públicos y privados le han negado ese derecho? ¿Será que los entes mediáticos son meros departamentos de publicidad y propaganda de las corporaciones económicas?

Alguien alguna vez dijo: “quien controla los medios controla la cultura”. Esta sentencia explicaría, por qué, la sociedad ecuatoriana en su generalidad, salvo casos honrosamente excepcionales, carece de la Cultura del Respeto a la Naturaleza. Porque si existiese la Cultura del Respeto a la Naturaleza, no se habrían dado los terribles daños ecológicos en el oriente ecuatoriano ocasionados por la corrupción de políticos o burócratas públicos y la codicia de las trasnacionales petroleras. Porque Cultura implica Conocimiento, Justicia, Conciencia, Libertad y Verdad, valores que son propios de sociedad desarrolladas. Porque un Pueblo Culto comenta y expresa sus opiniones, y no necesita de locutores y traductores de honorarios dorados que le presenten una percepción engañosa y mentirosa de la realidad. Con una sociedad que respete la Naturaleza no habría ningún dilema en torno al Yasuní. Porque con un Pueblo Culto, no habrían políticos y locutores, intentando manipular a la sociedad con debates ilusos respecto de: “¿qué fue primero, el huevo o la gallina?”
         

viernes, 16 de agosto de 2013

Rafael Correa y la explotación petrolera en parque Yasuní.



El día de ayer, 15 de agosto del 2013, a eso de las 8 de la noche, el presidente ecuatoriano Rafael Correa, a través de una cadena nacional de televisión exponía sus razones, según las cuales el proyecto Yasuní – ITT (Ishpingo, Tambococha, Tipitutini), había fracasado.

Fiel a su estilo ampuloso y melodramático, Correa culpó a todos por la imposibilidad de recaudar los alrededor de $7.200.000.000 que supuestamente servirían para impedir que el bosque selvático del Parque Nacional sea hollado por la explotación petrolera. Enseguida, justificó la explotación petrolera en el Yasuní con el cuento de que aquellos dineros que ya no eran los $7.200.000.000, iniciales, sino, $18.000.000.000.000, servirían para acabar con los problemas tercermundistas del Ecuador.

Luego, conocedor de su influjo en la Asamblea, pues su partido tiene mayoría, tácitamente ordenó a los asambleístas de Alianza País, para que comenzaran los trámites legales y burocráticos a efectos de iniciar lo más rápido posible con el históricamente señalada plan B, es decir la explotación del petróleo enterrado en el parque Nacional Yasuní. Finalmente, arremetió con la consabida verborrea virulenta contra todos aquellos, que por las razones que fueran, cuestionaran su decisión, tachándolos con términos ofensivos, infamantes e injuriosos.

Ahora bien, respecto de este asunto quisiera señalar las siguientes cuestiones, reflexiones y pensamientos.

Inicio diciendo que si analizamos objetivamente el cuento chino “Yasuní – ITT” que nos vendió Correa y sus sátrapas seudo ecologistas llegaremos a la conclusión de que la suerte del Parque Nacional estuvo echada desde un principio, y es que como se recordará cuando Correa planteó la posibilidad de no explotar los yacimientos petroleros en el Yasuní, concomitantemente impuso el ominoso plan B, es decir, la extracción de aquel petróleo. De manera que el plan B se constituyó en una especie de espada de Damocles que pendía sobre la reserva ecológica ecuatoriana, una suerte de chantaje vil, es decir, o “me dan los $7.200.000.000, o la reserva natural marcha”. Vaya manera de negociar.

Un aspecto que en principio resulta incomprensible es, por qué Correa planteó un proyecto en el que realmente no creía, es decir, para que emprender en un proyecto de protección ambiental, cuando está por demás claro que las prioridades para Correa y sus socialistas del siglo 21 son completamente contrarias a cualquier forma de respeto a los ecosistemas nativos. Sin embargo, la explicación es muy simple, todo pasa por aparentar lo que no se es, es decir aparecer como ecologista cuando en realidad se es un humanista absolutista. Con el discurso a favor del Yasuní, Correa se ganó las simpatías de buen número de ecuatorianos que vieron en la protección de aquel rincón nativo, único en el mundo, una causa justa. Podríamos resumir el asunto con una expresión muy común en los políticos profesionales: demagogia.

Analicemos las excusas vinculadas con el aspecto social y económico. Se dice que los 7.200.000.000 que como mencioné ya no son tales, sino que ahora resultan ser 18.000.000.000, servirán para acabar con todos los problemas de salud, educación, empleo y vivienda de los ecuatorianos. Pero, los antecedentes nos dicen que desde que se empezó a explorar, producir y exportar petróleo, aquel recurso no ha servido para solucionar los problemas más acuciantes de la mayoría de los ecuatorianos. El gobierno de Correa durante 6 años, gracias al aumento de las tarifas del barril de petróleo, ha contado con ingresos que los gobiernos populistas y conservadores del pasado jamás soñaron, y sin embargo, la realidad del país, para los pobres e indigentes no ha variado mayormente, la principal prueba de aquello, es el creciente monto de los recursos económicos del “bono de la miseria” que se  entrega a muchos ecuatorianos. Mientras los socialistas del siglo 21 hablan de una supuesta reactivación económica, los beneficiarios del “bono de la miseria” se incrementan. Mientras el discurso de los socialistas del siglo 21 dice una cosa la realidad y las evidencias demuestran otra. Por lo mismo por qué deberíamos creer que efectivamente los, $7.200.000.000, o 18.000.000.000 serán usados para generar empleo, prosperidad y bienestar, y de esa manera reducir a niveles marginales el número de beneficiarios del “bono de la miseria”. Podemos creer en un personaje que durante 6 años nos vendió el cuento del Yasuní, para luego, con explicaciones propias de un político ortodoxo, hacer todo lo contrario. No creo que se pueda confiar en “patriotas” de ese calibre.

Según datos históricos, el Parque Yasuní fue considerado reserva natural desde 1979. Desde ese entonces, los seguidores del conservadurismo mercantil  vieron con codicia los recursos petroleros asentados en aquella zona de riqueza ecológica inconmensurable, pero, ninguno de los gobiernos conservadores se atrevió a considerar la posibilidad de explotar en aquellos lugares sagrados, pero eso cambió cuando asumieron el poder los seguidores del socialismo del siglo 21. Increíblemente, Correa y sus socialistas del siglo 21 han conseguido hacer lo que los conservadores mercantilistas jamás osaron, explotar los recursos petroleros del  Yasuní.

Se dice que actualmente las técnicas petroleras impiden que el daño ecológico sea agresivo y brutal como en tiempos de la Chevron-Texaco. Pero, aquellas declaraciones interesadas, chocan con la verdad del caso Golfo de México y la Brithish Petroleum, verdadera catástrofe ecológica. Se dirá que las circunstancias son diferentes, nos dirán que se va a nombrar comisiones y veedores que vigilen que no se cometan abusos, pero, lo cierto es que no existe explotación de petróleo sin polución, es decir, la explotación petrolera por definición, es contaminante, y quien asevera lo contrario es simplemente un grandísimo mentiroso.

De manera graciosa Correa señala que la verdadera contaminación no pasa por la exploración, explotación y producción petrolera sino por la industrialización y uso diario que se hace de los derivados de los combustibles fósiles, es decir a través de las emisiones de los gases tóxicos generados por la combustión de los derivados petroleros. Pero, ¿aquella explicación no es acaso una razón más para mantener el petróleo bajo tierra?

Sin duda que para justificar la explotación petrolera en el parque ecológico se  vendrá una campaña infamante y feroz contra todos aquellas personas que se atrevan a opinar a favor de la protección de la Reserva Natural Yasuní. Los medios públicos y privados afines al régimen del Gobierno de Rafael Correa iniciarán una campaña publicitaria de desprestigio en contra de todos aquellos que tengan la audacia de criticar el humanismo desquiciado de los socialistas del siglo 21; los medios pro-Alianza País, e incluso los medios conservadores, que están de acuerdo con la explotación del Yasuní adularán incansablemente la decisión de Correa en tanto censurarán, ignorarán o atacarán las opiniones de aquellos que consideran debe priorizarse la riqueza ecológica antes que la explotación petrolera.

Recuerdo que hace 6 años, en un canal de televisión vinculado con los intereses de la partidocracia conservadora de la época, un locutor mediocre y servil, refiriéndose al dilema que ofrecía el petróleo del Yasuní, expresó la siguiente frase disparatada: “si para explotar el petróleo del Yasuní, hay que matar a los pajaritos, pues entonces, hay que matarlos”. Aquel locutor miserable, argüía que todos esos recursos servirían para sacar al Ecuador del tercer mundo y llevarlo al nivel de los países desarrollados; es decir, las típicas explicaciones engañosas del conservadurismo mercantilista. El problema es que la historia nos ha demostrado que luego de la extracción contaminante, al final, ni progreso ni ecosistema, pero, sí polución. Tristemente en el Ecuador del siglo 21, siguen sucediendo las mismas cosas que ocurrían en el siglo 19 y en el 20, es decir, en el Ecuador todo está en venta, solo es cuestión de poner un precio. El caso Yasuní-ITT así lo demuestra.


miércoles, 14 de agosto de 2013

Rafael Correa y la eliminación del subsidio al gas de uso doméstico.



Hace unos días me enteré que el presidente ecuatoriano Rafael Correa, durante uno de sus tradicionales monólogos de los sábados, había señalado su decisión de, en un futuro próximo, eliminar el llamado “subsidio al gas de uso doméstico”.

Mientras Correa justificaba su decisión de subir el precio del gas a precios internacionales, añadía que el plan de su gobierno era sustituir el gas licuado de petróleo, usado en las cocinas y en las duchas de los ecuatorianos, por la energía eléctrica, que supuestamente sería abundante una vez que los proyectos hidroeléctricos actualmente en construcción en el país sean finalmente terminados y empiecen a producir.

La alternativa que Correa y sus asesores plantean es la utilización de la llamada cocina eléctrica por inducción, artefacto que usa energía eléctrica y que reemplazaría a las actuales cocinas a gas. Ahora bien, me parece interesante que se planteen opciones y alternativas que beneficien a los ecuatorianos y mejoren su calidad de vida. Pero hay ciertos aspectos en las declaraciones de Correa que considero exigen aclaraciones y puntualizaciones.

Por ejemplo; se señala que el Estado Ecuatoriano está perdiendo mucho dinero a través del llamado “subsidio al gas doméstico”. Pero, yo pregunto, ¿qué es el Estado Ecuatoriano?, o ¿quiénes conforman el Estado Ecuatoriano?; ¿son acaso determinados grupos, gremios o sectores, o quizá la totalidad de la sociedad? Sería importante saber, qué mismo es el Estado, según los actuales funcionarios del gobierno de Alianza País.

Luego está el asunto de la demonización del llamado “subsidio al gas de uso doméstico”. Desde hace años vengo escuchando una y otra vez a los analistas y editorialistas de la prensa conservadora vociferar contra el “subsidio al gas de uso doméstico”. Irónicamente, Correa critica la posición de aquellos editorialistas, pero, increíblemente, racionaliza y justifica el futuro incremento del gas licuado de petróleo. Es decir, Correa pretende hacer lo que los gobiernos conservadores del pasado no se atrevieron, subir el precio del gas de uso doméstico a niveles internacionales. Pero aún más, reconoce que nunca estuvo de acuerdo con que los ecuatorianos obtengan un tanque de gas por debajo del precio internacional. Claro que aquello no lo mencionó en ninguna de las campañas electorales en las que ha competido.

Un aspecto que se debe considerar al momento de criticar el actual precio del gas de uso doméstico, es la condición del Ecuador, como país productor y exportador de petróleo. La condición de país petrolero que ciertamente tiene el Ecuador explica la razón del precio del gas de uso doméstico; es decir, los ecuatorianos cuando pagamos $2, 50 que es el costo real de un tanque normal a la fecha, y no el $1, 60 que engañosamente señalan los funcionarios del gobierno, simplemente estamos ejerciendo el derecho de acceder al gas de uso doméstico a un precio menor que el internacional en virtud de la condición de país petrolero del Ecuador, probablemente el único privilegio del que gozamos todos los ecuatorianos debido a la producción petrolera. Yo puedo entender que en países donde no se produce y exporta petróleo, necesariamente se deba pagar tarifas reales, pero el Ecuador no es el caso.

Ahora bien, Correa ha señalado que, en el caso de la gasolina, a la que también pretende elevar a precios internacionales, instaurará un sistema de cupos y límites. Y yo pregunto, ¿por qué Correa no hace lo mismo con el gas de uso doméstico? Fácilmente a través de sistemas de control y registro, se podría crear una base de datos que permita ofrecer dos tanques de gas mensuales a cada ecuatoriano. Todos los ecuatorianos que deseen beneficiarse de la condición de país petrolero del Ecuador accediendo al gas de uso doméstico a un precio menor al costo internacional podrían registrarse en determinadas oficinas públicas como por ejemplo las del Banco de Fomento; mientras que aquellos defensores del conservadurismo monopólico que tanto odian  los llamados “subsidios populares”, podrían no inscribirse y comprar el gas a precios internacionales.

Otro asunto muy significativo es la conducta de los medios de comunicación tanto aquellos directamente vinculados con el conservadurismo tradicional como aquellos estrechamente relacionados con el socialismo del siglo 21. Ambos grupos se han limitado a presentar las opiniones sectarias de los grupos políticos a los que representan pero en ninguno de los dos casos se han molestado en salir a las calles a preguntar a los civiles ecuatorianos que opinan sobre la decisión del gobierno de Correa de elevar el gas de uso doméstico a precios internacionales, cuestión por demás descriptiva de una realidad mediática poco o nada imparcial e independiente.
  
Considero que la posibilidad de contar con opciones como la cocina eléctrica por inducción a tarifas eléctricas racionales y económicos es un beneficio para todos los ecuatorianos, pero, pretender elevar el precio del gas de uso doméstico a niveles de países del llamado “primer mundo” me parece inaceptable. Protesto: ¿por qué no se le pregunta, no a los ecuatorianos de honorarios y sueldos dorados que superan los $5.000, sino al ecuatoriano común y corriente que apenas percibe ingresos que le permiten sobrevivir?; ¿por qué no se le pregunta al ecuatoriano que lleva años y años en el subempleo y en el desempleo, si está conforme con pagar por un tanque de gas, $20 o $30?

Soluciones razonables existen, sin duda, pero el verdadero problema pasa por las decisiones absolutistas de los políticos profesionales y por la dirección nefanda y tendenciosa que los mendaces y engañosos editorialistas de los medios públicos y privados le dan a la Opinión Pública Oficial. Esperemos que en este caso se piense en el interés de la mayoría de ecuatorianos  a quienes el dinero si les cuesta.